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lunes, 25 de enero de 2010

Capítulo 30. Cine

Como habíamos acordado, a las ocho llegamos al centro comercial. No tuvimos que esperar, ya que mi hermano y su grupo fueron puntuales. En cuanto vieron a Adrián, una abalancha de saludos, preguntas y abrazos cayeron sobre él. Al parecer, mi hermano lo había guardado en secreto. Una de las chicas se apartó, y se acercó hacia Álvaro y hacia mí. Se puso de su parte, y pude contemplar cómo le daba un leve codazo a mi hermano. Entonces, él comenzó a hablar:

-Ariadna...- se le notaba nervioso a leguas-. Ella es Carmen.

-Emmm... hola, encantada, yo soy Ariadna- me presenté, no sé a qué venía tanta expectación por esa chica. A no ser que...

-¡Qué ganas tenía de conocerte! En serio, tu hermano me habló un montón sobre ti- la chica parecía simpática. Y era muy guapa. Estaba claro quién era-. Yo soy su novia.

Había acertado. Lo era... ¿y ahora qué le decía yo? Mientras razonaba qué era lo adecuado, apareció Adrián, como siempre, deslumbrándome con esa sonrisa tan mágica. Me agarró de la cintura por detrás y comenzó a besarme el cuello.

-¿Ves lo que te decía Carmen? Están todo el día igual- le dijo mi hermano a su novia. Ella sonrió y asintió-. Pero hay que acostumbrarse si se quiere estar con ellos. Llega un momento en que se ve todo negro si los miras.

Adrián paró de besarme y subió la mirada hacia ellos y comenzó a reír. Carmen agarró la mano de mi hermano y entre todos decidimos ir al cine. Otra película no nos vendría del todo mal. Esta vez sería alguna romántica.

Compramos las entradas y entramos en la sala. Aún era temprano, por lo que podíamos decidir sin prisas cómo nos sentaríamos. Mi hermano me convenció para ponerme al lado de Carmen, para ir conociéndonos, pero al otro lado tendría a Adrián. Álvaro se puso a su otro lado, y el resto de los amigos en la fila de abajo. Estuvimos esperando diez minutos, y comenzó la película. Me daba la sensación de que iba a llorar, por lo que me alegré de llevar mis pañuelitos en el bolso. De vez en cuando Carmen hacía algún comentario que me hacía reír, me caía realmente bien, aunque en el lado de Adrián escuchaba más risas aún, no debían estar entendiendo la esencia de la película. Cuando tan sólo habían pasado cuarenta minutos y ya había recurrido un par de veces a los pañuelitos, Adrián se giró y comenzó a besarme. Ese tío parecía imparable, pero muy a mi pesar tuve que frenarle porque no me parecía justo teniendo al lado a quienes teníamos. Lo comprendió.

Es muuuy corto, lo siento ;)

domingo, 24 de enero de 2010

Capítulo 29. El pasado, pasado está

Cuando mi hermano se disculpó y acabó la película, que parecía entretenerle demasiado, subió a darse una ducha, ya que había quedado a las seis y media. Nos invitó a ir con él y con sus amigos, alegando que tendrían ganas de ver a Adrián, pero tan sólo quedaban quince minutos para estar con ellos, y no me daba tiempo. Como insistió, quedamos en encontrarnos con ellos a las ocho en el centro comercial, ya que así tendría tiempo para prepararme y para esperar a que lo hiciera Adrián.

En cuanto mi hermano salió por la puerta, bastante guapo por cierto, me levanté del sofá para dirigirme a la ducha, pero Adrián me agarró delicadamente del brazo y se quedó mirándome. Yo le sonreí tímidamente, aún me intimidaban sus ojos, incluso sabiendo que eran míos. Levanté una ceja para mostrarle que no sabía qué era lo que pretendía, él inhaló aire con indecisión, y me soltó, desanimado. Decidí que sería mejor tratar este tema más tarde, cuando hubiese aclarado mis ideas con una ducha de agua fría, y tan solo le di un beso en la comisura de sus labios como señal de despedida. Subí las escaleras lentamente, mientras oía cómo Adrián suspiraba. Parecía que esperaría a que me acabara de arreglar para ir a su casa.

Entré en la ducha tras elegir la ropa que iba a vestir. Unos vaqueros pitillo con una camisa a cuadros, a la que le haría un nudo a la altura del ombligo, y debajo, una camiseta blanca. Mientras caía el agua estuve pensando qué es lo me querría decir Adrián, y sopesé algunas posibilidades, pero las descarté inmediatamente, ya que eran demasiado precipitadas. Al salir, me sequé con la toalla y me puse la ropa. Me dejé el pelo suelto, sin secarlo, y bajé a por Adrián, que me seguía esperando. Ya se le había quitado la cara de pena, y volvía a sonreír. Cuando me vio suspiró, y mientras se acercaba a besarme, me habló:

-Ariadna, no debería dejarte salir de casa, porque todos los tíos con los que nos crucemos te van a piropear... pero bueno, estoy aquí para protegerte.

Solté una tímida sonrisa, y le tomé la mano mientras salíamos de casa. Fuimos hacia la suya, y esta vez subimos por las escaleras, para no repetir experiencias agobiantes. Llegamos a la puerta y movió la mano para llamar al timbre, pero yo le frené.

-Hey, ¿no crees que debería esperar en las escaleras? O puedo llamar a casa de Alex, sus padres me dejarán pasar aunque ella no esté...

-Ariadna, sólo está mi hermano, y él no se chivará a nadie de que has venido. Además, él ya lo superó- entonces, llamó al timbre. Yo estuve intentando hacer memoria para averiguar quién era su hermano, y qué era lo que tenía que haber olvidado relacionado conmigo, pero no caí. Entre mis pensamientos, se abrió la puerta, y ahí estaba él. Ya le recordaba. Se me quitó la sonrisa del rostro, y me quedé pasmada-. Ariadna, pasa.

Crucé la puerta sin apartar la vista de su hermano, Hugo, que tenía mi misma edad, y se paró frente a mí.

-Hola- dijo secamente-. Hacía tiempo que no te veía.

-Cierto- le di la razón. La última vez había sido hace un año. Gracias a él había conocido a Adrián, aunque le hice mucho daño cuando él creyó que yo quería algo con él, pero yo salía con su hermano. Se le partió el corazón en un montón de trozos. Me dio muchísima pena.

-Bueno, chicos, yo me voy a preparar. En quince minutos nos vamos, Ari- y se fue. Adrián me había dejado a solas con Hugo. Había que destacar que estaba muchísimo más guapo que antes, no tenía nada que envidiarle a su hermano. Ya no era el niño al que yo conocí. Mientras decidía cómo debía actuar, él me invitó a sentarme junto a él en el sofá para ver la tele, y acepté.

-¿Qué tal te va todo, Hugo?- le pregunté tras unos segundos incómodos-. Has crecido un montón, y estás mucho más guapo.

-Gracias Ariadna- dijo mientras me sonreía, parecía que no me guardaba rencor alguno-. Y me va bien, pensé que esto de la mudanza lo llevaría peor, pero...

-Le has echado el ojo a alguna chica, ¿verdad?- lo presentía. Él asintió.

-Me has pillado... la verdad es que sí. Creo que vive por aquí cerca, ya que la he visto un par de veces. Yo creo que ha sido amor a primera vista, en serio. Sí, porque sentí lo mismo que sentí cuando te...- y se quedó callado. Sabía lo que iba a decir, y me incomodó la situación, a él pareció que también-. Lo siento, fui un estúpido con lo que pasó. Espero que algún día comprendas que fui un inmaduro. He visto como mi hermano te mira, te quiere un montón. No quiero fastidiar nada entre vosotros por algo del pasado, otra vez no.

-Hugo, no te preocupes. El pasado, pasado está- le tranquilicé mientras le daba unas palmaditas en la espalda-. Ahora sólo nos queda encontrar a la chica, seguro que le gustas.

-¿Tú crees?

-Claro que sí. Para empezar, el físico lo tienes. Y después eres un gran chico, cualquiera mataría por ti.

-Gracias, Ari- me abrazó. Había ganado un amigo-. Oí gritar a sus amigas un nombre. Creo que se llama Lara.

-De acuerdo, ya sé quién es. Un día quedamos y te presento a tu Lara. Es una niña muy simpática, tienes buen gusto- le guiñé un ojo. Él pilló la ironía y rio conmigo.

Estuvimos un rato más hablando, hasta que apareció Adrián por la puerta. Estaba guapísimo. Vaqueros oscuros y camiseta blanca. Ahora era a él a quien silbarían por la calle. Le di la mano y salimos por la puerta. Me sonreía sin cesar.

Me gustó mucho escribir este capítulo; espero que a vosotras os guste leerlo.

sábado, 9 de enero de 2010

Capítulo 28. Enfado estúpido

Al terminar de recoger, nos sentamos en el salón y pusimos una película. No tenía ganas de llorar, ni de pasar miedo, así que pusimos una de dibujitos. Buscando a Nemo. Era muy infantil, pero desde siempre me había encantado esa película. Al principio, Álvaro renegó, pero acabamos convenciéndole y se sentó en el sofá de una sola plaza, mientras que Adrían y yo nos quedamos en el de tres. Mantuvimos la distancia en los veinte minutos de película, pero poco a poco se me fue acercando mi novio, y me pasó su brazo por encima de los hombros, y me recosté sobre su pecho. Vi de reojo cómo nos miraba mi hermano, pero parece ser que Adrián no se percató, porque me giró la cabeza y me dio un beso impresionante, y cuando nos separamos, estaba sin aliento. Tras recuperar el aire perdido, miré hacia Álvaro, que trataba de esconder una carcajada.


-Álvaro, ¿qué pasa?- le dije finalmente. Adrián le miró por primera vez en toda la película, sin saber a qué venía la pregunta.



-Pues pasa que...- soltó la pequeña carcajada que se guardaba y cuando se calmó volvió a hablar- sé que os queréis mucho, que hay que recuperar el tiempo perdido...



-Efectivamente- le interrumpió Adrián. Entonces, mi hermano dirigió la mirada hacia él.



-Y no os pido que no os deis pequeñas muestras de amor, porque veo que eso va a ser imposible- se quedó callado unos instantes, para volver a hablar-, pido que, Adrián, por favor, no le metas la lengua hasta la campanilla a mi hermana. Sé que hay veces que no sabes lo que hacer con ella, pero es que la he notada a través de su cara, y aunque sé que a las tías les gusta mu...



-¡Álvaro! ¡Cállate ya de una vez! No me hace nada de gracia que hagas estos comentarios, y bien lo sabes. Uno más y te retiro la palabra, y no es broma. Y ahora me voy- Adrián fue a levantarse, pero extendí mi mano para que parara- ¡No vengas! ¡Estoy muy cabreada! Quédate con el bestia de mi hermano, a ver qué tal.



Subí las escaleras y di un portazo muy fuerte en mi cuarto. No soportaba que mi hermano dijera esas burradas. Si no le gustaba, que nos pidiera que paráramos seriamente, pero que no comenzase a burlarse. Me lancé sobre la cama boca abajo y estuve unos minutos así, hasta que entró Adrián por la puerta, con mucho cuidado. La cerró al pasar completamente.



-Tranquilo, tú no eres el problema. Me he pasado contigo- dije reincorporándome en la cama.



-No importa, ¿vale?- me dijo mientras se sentaba a mi lado, y me pedía que me sentase encima de él. Lo hice-. Si no quieres que haga eso, pídemelo y lo dejaré.



-Ay, Adrián. ¿No lo entiendes? Me molestaba que me dijese eso así, y punto. Tú no haces nada mal...

-Hice mal dejarte tanto tiempo sola- negué con la cabeza, y él me besó. Yo me levanté rápidamente de la cama para evitar llegar a más. Él hizo lo mismo-. De acuerdo, bajemos.

¡Hola!
No pude esperar una semana para publicar, porque ALGUIEN llamada Rocío me ha pedido un montón que suba entrada, y su cumple es hoy así que, como no podía mandarle nada de regalo, le "doy" este capítulo de regalo. Quizás no pueda subir otro capítulo para dentro de una semana, porque hace un mes que no tengo tiempo para escribir y los que subía eran de mi "reserva de tardes marginada", pero con este capítulo se me ha acabado... Por favor, os agradecería que me mandaseis un correo a dimeyalaverdad@hotmail.com si tenéis alguna idea de qué puedo poner, me serviría de mucho. Recordad pasaros por www.henar-echaleunamano.blogspot.com , que ese si lo actualizo porque me obligan :S
Un beso, adiós.

Capítulo 27. Comida especial

Volvimos los dos a casa de Alex, y ella nos recibió con una gran sonrisa. Al abrirnos, nos avisó de que Daniel estaba con ella. En el corto camino al salón, le expliqué a Adrián quién era Daniel. En un principio, no le hizo mucha gracia eso de mejor amigo de Aarón, pero al conocerlo su opinión cambió. Daniel era un chico fantástico. Él apenas habló en el rato que estuvimos sentados en el sofá, pero en cuanto Adrián se fue a la cocina a por un vaso de agua acompañado por mi amiga, se sintió en la necesidad de hablar:

-Ariadna... es una cabrón. Déjalo estar. Si prefiere a esa zorra antes que a ti, tiene un problema. ¡Es que no sé qué se le pasa por la cabeza, en serio! Bah, pero ya se cansará de ésa- se hizo un silencio- Y... ¿le avisaste?

-Claro, le mandé un mensaje al móvil. ¡Yo no sería capaz de salir con dos tíos a la vez!

-Normal, tú eres una gran chica. Y otra cosa... te prometo que en cuanto me enteré de lo que pasaba me fui, ¿eh?- asentí con la cabeza. Le creía- Y ahora andará lamentándose por las esquinas. Ha perdido a la buena de las dos. Anda que...

-Daniel, déjalo. No me va a ser fácil llegar a olvidarlo del todo, pero pasará, ¿vale? No te preocupes- le abracé con ganas-. Además, tengo a Adrián. Es lo mejor que me podría pasar.

Justo cuando nos separamos, llegaron los chicos. Alex estaba muy, muy sonriente. ¿De qué habrían hablado en la cocina? Mientras lo pensaba, ella le pegó un tirón del brazo a Daniel y se lo llevó de mi lado. Salieron por la puerta. Nos quedamos de nuevo él y yo solos. Le miraba mucho, demasiado, no podía evitarlo.

-¿Sabes que te quiero, no?- le dije finalmente. Él sonrió-. Ah y... emm... ¿a dónde se fueron estos dos?

-A comprar las cosas para la fiesta- dijo, cada vez más serio.

-¿Qué fiesta?- no entendía nada, ¿de qué me hablaba?

-Cariño, no me olvidaría por nada del mundo de lo que pasa pasado mañana, así que no te hagas la tonta- me quedé un rato pensativa, no reaccionaba- ¡Ariadna! ¡Tu cumpleaños!

¡Cierto! ¿Cómo podía haberlo olvidado? Estaba mal de la cabeza, en serio.

-¡Ay! Qué mal estoy Adrián...- me hice la loca- Pero en serio que no hace falta que hagamos ninguna fiesta. Me conformo con que te vengas a comer con mi hermano y conmigo. Ahora mismo. Estaba muy ilusionado con tu llegada...

-Claro, yo voy, pero tú tienes tu fiesta. Dame cinco minutos y nos vamos. Tengo que avisar a mi madre.

Se fue a su casa, y como me había prometido, a los cinco minutos volvió. Cerramos la puerta de Alex, esperando que ella tuviera llaves, y nos fuimos. Íbamos dados de la mano. Algunas personas se giraban para mirarnos, pero a mí por lo menos, me daba igual. Que pensaran lo que quisieran. Probablemente, los que cuchicheaban dirían que qué hacía un tío como Adrián conmigo. Yo también me lo preguntaba, pero lo dejaba estar. Que me criticaran todo lo que quisiesen. Me daba igual.

Al cabo de quince minutos llegamos, abrí con la llave y me encontré a mi hermano de cocinitas. Había hecho pasta, lo único a lo que él alcanzaba. Pero por lo menos, le salía buena... cuando no se le quemaba. Cuando nos vio, se quitó corriendo el delantal y corrió hacia nosotros, que aún estábamos en la puerta de la cocina.

-¡Tú! ¡Tú y mi hermana! ¡Mi hermanita!- comenzó a gritar acelerado como si le faltara el aire.

-Álvaro, cálmate y no hagas el tonto, que fuiste tú el que me dijo esta mañana que le diese otra oportunidad- Adrián me miró extrañado. Yo sólo asentí.

-¡Adrián! ¡Tú y mi hermana!- entonces, nos abrazó. Yo comencé a reír, mi hermano debía tener un problema mental que me había ocultado todos estos años. Al cabo de unos segundos, se separó-. Bah, si en realidad yo me lo esperaba. Sí, sí. Aunque mira. Adrián, eres un buen tío, si dejan a tu padre fijo, más aún. Bueno, y no me molesta que tengas la misma edad que yo. Genial, así tendré a un amigo permanentemente en casa... aunque, yo te tengo que advertir como hermano mayor de Ariadna- cambió su gesto de sorpresa al de seriedad, aunque sabía que por dentro se estaba partiendo de risa-. Me entero de que la haces llorar y... no tendré otra opción que pegarte una paliza. Por muy fuerte que estés... me las apañaré. ¡Y si le tocas un pelo...!

-Álvaro, para ya- creo que esa advertencia de mi hermano llegaba un poco tarde-. ¿No crees que te estás pasando? Ya tengo quince.

-Bueno, te quito esa última parte... ¡pero no hagáis nada delante de mí, por favor! No quiero tener que recurrir a las bolsas para no vomitar- en ese momento, sólo para fastidiarle, besé a Adrián. Él me siguió, y fue un beso largo, de esos que mi hermano no quería delante de sus narices- ¡Ah! ¡Me traumatizáis!

Y así pasamos la comida, molestándole. Era muy divertido ver sus reacciones, aunque a veces había que echarle el freno, porque se pasaba. Él parecía el pequeño de los dos, y no precisamente por el cuerpo. Cuando terminamos de comer y estábamos recogiendo, nos amenazó con traer a su novia a comer. ¿Mi hermano con novia? Me quedé un poco pasmada cuando le oí decir eso, y Adrián comenzó a reírse con él.

-¿Ahora qué? ¡Siéntete como yo!- entonces reaccioné y comencé a reír. Él tenía motivos de sobra para haberse quedado así hace un buen rato, pero no lo había hecho.

¡Hola! Lo siento, lo siento, lo siento. Sí, lo sé, hace muchísimo que no subía, pero es que hice el nuevo blog para el instituto y estoy muy ilusionada con él, y me quitó mucho tiempo:) El link es http://www.henar-echaleunamano.blogspot.com/ , y aunque en la parte de la derecha puse que no comentaseis, alguien me dijo que era mejor que lo hicieseis, porque así da mejor apariencia, y la profe me pone mejor nota en él si ve que a la gente le gusta. Sois libres de seguirlo, de hecho me gustaría que lo hicieses, como un favor personal... pero os tengo que pedir por favor que si comentáis no uséis ni un insulto, ni nada ofensivo, y que intentéis escribir sin faltas de ortografía, porque la profe se puede cabrear si lo ve... y nos amenazó con suspendernos la evaluación entera si veía algo ofensivo en el blog.
Y ahora sobre el capítulo, lo de siempre, que espero que os guste y que sea divertido.
Muchísimas gracias por todo, en serio, sois muy importantes en esto... y Mari, en serio, te debo mucho, ¿sabes? Ya leí tu entrada del blog, supongo que te gustará si te lo comentó aquí... me gustó mucho que se reconciliasen esos dos tortolitos. Os recomiendo su blog también, es www.eldiariodetaylor.blogspot.com .
Y ahora sí que me despido. Espero veros en alguno de los dos blogs :)
¡Ah! Y los blogs que me pedisteis que mirase en los comentarios, lo hice, pero con las prisas no le di a seguir, lo siento.
¡Un beso!

viernes, 8 de enero de 2010

Capítulo 26. Elección

Adrián me acompañó hasta la puerta de Alex, ya que descubrí que él se había mudado justamente enfrente. Eso es mala suerte y lo demás tonterías. Me dio un beso en la cara y prometió volverme a ver justo antes de entrar en la casa de mi amiga, aunque yo le rogué que no lo hiciera. Cuando crucé el umbral, me encontré a Alex boquiabierta con una tostada en la mano, la pillaría en pleno desayuno. Me hizo pasar apresuradamente y cerró la puerta con ganas:


-¿¡Por qué no me dijiste que vivía aquí!?- le grité justo al llegar a su cuarto.


-¡Tranquila!- me gritó mientras iba a la cocina para coger el tazón de leche- ¡Me acabo de enterar! También me acabo de enterar de que... ¡erais vosotros los del ascensor! Cuéntame todo lo que ha pasado. Ya.


-No pasó nada... sólo me dijo que se fue así por el trabajo de su padre, que lo pasó muy mal y que siente todo el daño que me ha hecho. Y que esta vez no se moverá de aquí, es definitiva. Enhorabuena, tienes un nuevo vecino...- esto último lo dije susurrando, y a ella se le calló al suelo parte de la tostada del asombro, y comenzó a reír- ¿A ti qué te pasa ahora?


-¡Yo ya me río por no llorar! ¿Qué vas a hacer ahora?¿No vas a volver nunca más a mi casa para no verle o qué?Bah, eso no es problema, ¡te compras un antifaz!- seguía riendo, hasta que consiguió calmarse lo suficiente como para sólo tener una leve sonrisa en el rostro- No, en serio. ¿Qué vas a hacer? ¿Has hablado con Aarón o algo?


-¡Tú no te enteras de nada!- y le expliqué todo lo que había ocurrido esta mañana antes de venir a su casa. Ella se puso seria.


-Eso es un problema. ¿Con quién te quedas?


-Con... ¡ay! ¡No sé a quién elegir! Les haré daño...- estaba en un apuro.

-De acuerdo, te ayudaré... hagamos una lista con los pros y los contras de cada uno. Empiezo yo. Contras de Aarón. Sale contigo a la vez que con Carlota.

-Me dio falsas esperanzas en un principio- esto sería fácil.


-Has llorado mucho con él...- dijo Alex, y se quedó pensativa- Bueno, esa no vale, ya que ¡tú lloras siempre!


-Emm...vale, no haré caso a ese comentario por ahora- dije mientras le dirigía una mirada asesina- Sigo. Daniel me comentó que era un mujeriego.


-Ahora los de Adrián- notaba a Alex emocionada. Le divertía esto. Me alegraba de que por lo menos alguna de las dos disfrutara. Estaba pasando por un buen momento-. Te abandonó sin avisar.

-Me ocultó muchas cosas hasta el último momento- estuvimos ambas pensando un rato-. Lo siento, pero apenas veo cosas malas en Adrián... ¡joder!

-Bueno, cálmate. Ahora lo bueno. Los pros de Aarón. ¡Está muuuy bueno!- me quedé mirándola un rato simulando odio, pero su cara era tan graciosa que me tuve que reír.

-¡Tramposa! ¡Eso no es bueno!- dudé unos segundos-. Aunque suma puntos a su favor...

Estallamos a reír Alex y yo, y cuando conseguimos calmarnos, seguimos con sus pros.


-Es muy romántico. Me dijo unas cosas muy bonitas- sugerí. Esa sí valía, era muy cierto.


-De acuerdo... creo que tampoco vale decir que es el mejor amigo de mi novio. No, eso no. Pues... es simpático y eso. Un buen amigo. No un buen novio, pero sí buen amigo.

-Tienes razón... pasemos a Adrián. Empiezo yo... ¡y no vale decir lo guapo y lo buenísimo que está!- comenzamos a reír. No valía, no era justo. Lo importante es el interior-. En serio... es muy tierno.

-Está muy arrepentido por lo que te hizo... y vive frente a mí.

-Te pasaré esa. Cada vez que me mira a los ojos se me pone la carne de gallina... y me ruborizo- esto último lo dije en voz baja. Me daba vergüenza. Alex corrió a coger un timbre medio estropeado de una bici antigua que tenía sobre su mesa, y comenzó a hacerlo sonar.


-¡Increíble! ¡Tenemos ganador!- me quedé petrificada, ¿tan pronto?- ¡Estás verdaderamente enamorada de Adrián! Te pasa lo mismo que a mí con Daniel, así que... ya estás corriendo a llamar a su puerta para darle... ¡un gran morreo!


-¡Joder Alex! ¡No seas bestia! Y deja de gritar, que nos va a oír...-estaba muy, muy colorada en ese momento. Pero tenía muchísimas ganas de hacer lo que me había propuesto mi amiga. Me levanté de un salto y salí corriendo hacia la puerta de su casa, para llegar al umbral de la puerta del vecino. Toqué un par de veces en el timbre, hasta que me abrió su madre, la conocía de vista.


-¡Hola señora! Lamento molestarla, sé que están de mudanza y eso... pero es de suma importancia que me responda a dos preguntas. ¿Está aquí su hijo?... y si es así, ¿puedo entrar a verle?- no solía tener tanta soltura para hablar con desconocidos, pero esa era una ocasión especial, volverían mis labios a tocar los suyos.


-Sí, claro... Ariadna- la miré con confusión, ella sonrió-. No tienes ni idea la cantidad de veces que he oído tu nombre, ¡y cómo lloró cuando nos fuimos de aquí! Lo único que hacía era dar golpes a la puerta gritando "Ariadna, Ariadna". O te odia mucho, o todo lo contrario... anda, pasa. Su cuarto está al fondo a la izquierda. Llama antes de entrar no se vaya a estar cambiando.

Le agradecí que me dejara entrar unas cuantas veces, y me apresuré a llegar a la puerta del cuarto. Toqué en la puerta como su madre me había pedido, y él la abrió ligeramente, sin ni siquiera mirar quién estaba al otro lado. Estaba dado la vuelta colocando unos libros sobre una de las estantería de la habitación, y cuando se giró con una caja entre las manos, supongo que pensaría que era su madre, se le cayó al suelo. Suerte que estaba vacía. Me miró con los ojos como platos durante unos segundos. Yo le miraba con ojos divertidos. Noté que no sabía lo que hacía allí, y me fui acercando poco a poco a él. Apartó la caja con un movimiento de pie, y cuando apenas estábamos a unos centímetros, su rostro cambió de sorpresa a felicidad. Aparentemente, completa felicidad. Fue a articular alguna palabra, pero puse uno de mis dedos sobre sus labios para que no hablara. No había nada que decir. Finalmente, al cabo de unos minutos en esa posición, le besé. Con mis manos, despeinaba ese pelo rubio que tanto me gustaba. Él pasó sus brazos por mi cintura. Le echaba de menos, mucho de menos. Al rato, nos fuimos separando poco a poco. Necesitábamos respirar. No pude evitar volver a besarle. Pero ese fue un beso corto, no como el otro. Me tomó de la mano, y me sentó junto a él en la cama.


-Te quiero- le dijé.


-Y yo... echaba de menos tu sonrisa, tus labios, tu cintura...- pensaba lo mismo que yo. Le abracé enérgicamente-. ¿Significa esto que... volvemos a estar juntos?

Quería decirle que sí, pero me quedaba un asunto pendiente por medio. Saqué el móvil corriendo ante su atenta mirada, y escribí un rápido mensaje:


Aarón. Sé lo tuyo con Carlota. Disfruta con ella, pues tú y yo hemos roto. Prometo que te quise, pero hay alguien por encima de ti. Te quiero. Te quiero mucho... como amiga.


Lo envié, y entonces asentí enérgicamente mirando a Adrián, y él me besó con ganas. Éramos las personas más felices del mundo mundial. A él no le quería, le amaba.

martes, 5 de enero de 2010

Capítulo 25. Encerrada con la verdad

A los pocos minutos, volvió a entrar por la puerta. Traía consigo una cara de felicidad. Les habría convencido para que se fueran y no volvieran...

-¡Joder Ariadna!- dijo entre risas- ¿Tienes idea de lo insistentes que son esos tíos? La próxima vez búscatelos pequeños para que les pueda patear el culo y no tenga que hablar todo lo que hablé- le fulminé con la mirada, aunque no podía evitar reír por las caras que ponía-. Aunque ver a Adrián estuvo bien, recuerdo que fuimos muy amigos. Y está más fuerte, ¡qué tío! Me gustaría quedar con él otra vez... cuando le reproché que se marchara y te dejara sola, cuando el otro ya se había ido, me dijo que esta era definitiva. Le podrías dar otra oportunidad...

¡Esto era demasiado! Me levanté furiosa del sofá, me puse unos zapatos de calle y, mientras evitaba la mirada de mi hermano, salí corriendo de casa dando un gran portazo. No me arrepentía de hacerlo. Él no debía ponerse de parte de ninguno, y menos para que le diera otra oportunidad... ¡otra oportunidad! Después de prometerme estar conmigo para siempre me dice que se va a no sé dónde, ¡y tengo que darle otra oportunidad! Salí a correr hacia la casa de Alex en cuanto llegué a la esquina de mi calle, puesto que cabía la posibilidad de encontrármelos, y era lo que menos deseaba del mundo en ese momento.

Cuando llevaba cinco minutos corriendo, llegué al edificio donde vivía Alex, llamé al portal y ella me abrió rápidamente. Seguía furiosa. Paré la puerta del ascensor que justo se estaba cerrando para entrar yo también y no tener que esperar más para verla, y me subí en él. Levanté la mano lo más rápido que pude para pulsar el número siete, la planta donde vivía ella, pero alguien le había dado ya. Bajé la mirada puesto que no quería pagarlo con alguien al que ni siquiera conocía, pero noté que me miraba insistentemente. Más molesta que antes, levanté la mirada, y allí estaba otra vez. ¿Es que no se acabaría jamás mi mala suerte o qué?

-¡Joder, joder!- comencé a darle a los botones rápidamente para poderme bajar enseguida, hasta que llegué a uno demasiado pequeño. Le di, y el ascensor se paró. Comencé a aporrear la puerta con ira, hasta que me sujetó la mano mi "acompañante"- ¡Suéltame! ¿O es que no ves que no quiero estar aquí contigo? Soy gafe...¡gafe!

-Vale, pero Ariadna... deja eso. No vas a conseguir nada- me volvía a mirar con esos preciosos ojos fijamente. No debía aguantarle la mirada si no quería más problemas. No dejé de aporrear la puerta- ¡Ariadna! ¡Estate quieta de una vez! ¡Estamos encerrados, y ahora tienes que escuchar lo que te voy a decir!

Me quedé boquiabierta después de lo que me había dicho, y cómo lo había hecho. Aunque tenía razón, me estaba comportando como una niña chica, debía afrontar la realidad y mis problemas, y no tratar de huir de ellos eternamente. Dejé de golpear la puerta y respiré hondo para tratar de no montar una escena de nuevo por eso de que estábamos encerrados. Mantuve mis ojos clavados en los suyos.

-Lo siento. Habla todo lo que quieras, estaremos aquí eternamente- exageré demasiado, y al oír mis palabras, Adrián comenzó a reír disimuladamente. Le tuve que seguir la risa.

-Sigues igual que antes- puse cara de extrañeza, y me dedicó una gran sonrisa a la que yo intenté no darle mayor importancia-. Igual de cabezota... pero más guapa. Y más rencorosa. Hace un año ya me hubieses perdonado, ¿a que sí?

Me quedé un poco pasmada por la pregunta, aunque era cierto. El verano pasado, cuando lo conocí, sabía que quería estar con él, y me daba igual lo que pasara. Si un día se retrasaba, no le daba importancia. Si se iba sin avisar de viaje con el padre, unos días, tampoco lo llevaba a mayores. Pero quizás la experiencia de que me prometiese volver y que nunca lo hiciera, hasta ahora, me había hecho cambiar. ¿Debía agradecerle ser más rencorosa? Eso ya no importaba. Asentí con la cabeza, y él sonrió.

-Genial. Eso significa que alguna vez me has querido... supongo que es bueno- dijo seguidamente mientras miraba al suelo, en voz baja. Tenía razón...-. Que me has querido como yo te quiero a ti- en ese momento sí que me quedé paralizaba. El corazón comenzó a acelerarse. ¿Por qué? En teoría yo no sentía nada por él, excepto asco. Comencé a respirar más fuerte, y él levantó la vista del suelo, apenado. Creo que una chispa de esperanza recorrió su mirada en cuanto vio caer mi primera lágrima-. Tú... ¿tú aún me quieres?

-Claro que... claro que sí. Te quiero -respondí finalmente. Aunque no necesitaba decir eso último, lo hacía para convencerme de que era real. No podía creerlo. Maldito ascensor. Adrián sonrió. Hipnotizante sonrisa.

-Ariadna... no sabes cómo me siento en este momento. He estado soñando con esto desde el maldito día en que me tuve que ir, ¡yo no quise! Me avergüenza decirlo, pero esa noche lloré como nunca lo había hecho antes, recordando tus palabras... aún suenan en mi cabeza amenazantes, no se borraron. "Nunca, jamás, vuelvas a mirarme a la cara. Búscate a otra idiota a la que engañar"- eso lo había dicho yo... ni lo recordaba. Caí desplomada al suelo del ascensor. No podía parar de llorar. ¡Esto era horrible! Aarón... no podía olvidarlo.



Justo en el momento en que levanté la cabeza para mirarle el rostro a Adrián, aún preocupado, escuché un ruido que no venía de ninguno de los dos. Alguien nos gritaba desde arriba.

-¿Hay alguien ahí?- la voz era basta, muy grave. Probablemente algún vecino que se acababa de dar cuenta de que el ascensor no funcionaba. Adrián contestó cortadamente, se le notaba nervioso- ¡De acuerdo! ¡Voy a llamar a los bomberos! ¡Si queréis algo, gritad!

-Parece que no estaremos eternamente juntos- dijo Adrián. El único nervioso y preocupado ahora, era ese señor-. Lástima...

-Adrián, lo nuestro es complicado...- fue lo único que logré articular. A los veinte minutos, salimos de esa cárcel tan confusa.

lunes, 4 de enero de 2010

Capítulo 24. ¿Cómo tienes tantos problemas?

Fui corriendo al sofá. Me encontraba mal, muy mal. Mis dos grandes amores juntos. No quería pensar lo que podría estar ocurriendo fuera. De vez en cuando, entre mis sollozos, oía algún grito. Me tumbé mirando al techo, confiando en poder dormir. Pero no, imposible en un momento como ese.

¿Cómo hacía para que todo me saliese mal? Aún recordaba el primer beso de mi vida... con Adrián. Pero, curiosamente, no lamentaba que hubiese sido con él. Fue muy diferente al de Aarón, estaba menos...¿ensayado? Eso ya no importaba, era pasado. O eso pretendía. En uno de esos pensamientos, apareció mi hermano por las escaleras, y como si creyera que estaba muerta, se acercó a mí dando pequeños pasos. Abrí los ojos que ya había conseguido cerrar, y le vi con cara de pánico. Conseguí reír, y me senté en el sofá por si él quería estar a mi lado. Me miraba como a una extraña. Se me olvidaba que aún tenía las lágrimas en mi cara.


-Tú...tú no estás bien. Cuéntame qué es lo que te pasa, anda.

-Álvaro...- estallé en llantos de nuevo. Él me abrazó, intentando consolarme. Parecía que lo conseguía- Todo me va mal. Adrían volvió. Está fuera peleándose con mi... con un tío que me engañó con Carlota. Ya no somos amigas.

-Ay, ¿cómo te metes en tantos problemas?- genial, otro que se daba cuenta-. ¿Sabes qué voy a hacer?

-Dime...

-Voy a salir a hablar con esos dos que te hacen daño, ¿vale?- le miré con la cara llena de pánico. Él estalló en carcajadas- ¡Ariadna! ¡Que no soy un monstruo! Simplemente les diré que se alejen de ti, ¿sí?- mientras asentía con la cabeza, el se levantó del sofá con un movimiento brusco, y abrió la puerta de la calle, de donde provenían algunas voces.

¡Hooola!
Espero que os guste el capítulo de hoy, porque a mí me gustó escribirlo :)
Emm... otra cosa. Decirle a Maria Bel que me pasé por su novela y me la leí ayer enteriiita anteponiéndola a tareas del cole... y cuando fui a comentar, no me dejó. Es por eso que ya no tienes comentarios, a mí me pasó al principio del todo, cuando llevaba menos de 6 o 7 capítulos y me extrañó muchísimo que las dos grandes personas que me comentaban, ya no lo hicieran. Se arregla dándole en las opciones de los comentarios a que salga una ventana emergente para ponerlos, como la mía. Espero que lo leas y te sirva de ayuda ;)
¡Ahora me despido!
Un beso :)

sábado, 2 de enero de 2010

Capítulo 23. Vete de mi vida

Al escuchar el golpe en la puerta, dudé unos segundos sobre si había sido una simple equivocación, pues yo no esperaba a nadie. Esperé para comprobar si volvían a golpear, y al ser así, me levanté de la cama rápidamente. Me miré de nuevo en el espejo y me coloqué el pelo mientras bajaba a la carrera al primer piso para abrir la puerta. Deseaba no llegar demasiado tarde. Cuando al fin llegué a la puerta, miré por la mirilla, por la que apenas pude apreciar una silueta. Abrí, ya que confiaba en que no fuese nadie pidiendo comida. Al ver la cara distraída de quien estaba al otro lado del umbral, cerré. Respiré hondo tantas veces como pude hasta que volvió a sonar el timbre. Abrí de nuevo, muy lentamente, y le vi con claridad. Seguía igual que antes, pero aún más alto. Pelo rubio, ojos azules, piel clara... en definitiva, el rostro perfecto. Me dio la sensación de que aún estaba más fuerte de lo que recordaba. Él me miraba fijamente, serio. Estuvimos así unos segundos, hasta que reaccioné y me crucé de brazos intentando parecer furiosa, aunque no podía evitar sentirme embobada a la vez que confusa.

-Hola- me dijo finalmente. Su voz había cambiado, era más grave.

-Emm... hola- articulé finalmente- ¿Qué haces aquí, Adrián?

-Mis padres... se han vuelto a mudar- la voz le temblaba-. Ya sabes. ¿Recuerdas la última vez? Pues ésta es definitiva.

Recapacité durante unos segundos, intentando ordenar mis sentimientos, hasta que conseguí formar una frase convincente:

-Adrián... te dije que no quería volver a verte en mi vida. Después de lo que me hiciste sufrir, no...

Noté cómo mis ojos se llenaban de lágrimas. Me costaba decirle eso otra vez. Apenas había pasado un año desde que se había ido, y mis esfuerzos por superar lo que me hizo habían sido nulos. Pareció apenarse al oír mis palabras y al verme llorar, se lo merecía.

-Ariadna, yo lo siento. Me tuve que ir... ya sabes cómo es el trabajo de mi padre. Siento haberte hecho sufrir, yo también lo pase mal, aunque ahora no me creas.

-No, no te creo, si no te importa, me voy a... ¿a ti qué te importa lo que yo vaya a hacer? Adiós- le miré, de nuevo ojos de arrepentimiento. Fui a cerrar la puerta, todo estaba dicho, pero justo en ese momento apareció él. Lo que me faltaba. Aarón. Venía con una sonrisa de oreja a oreja, pero en cuanto me vio enrojecida frente a Adrián, su expresión cambió a furia. Miró durante unos momentos que parecieron eternos a Adrián, hasta que se decidió a hablar, con voz dura:

-¿Qué está pasando aquí? Ariadna, ¿qué te ha hecho este tío para que llores?

Dudé, y finalmente, más furiosa que otra cosa, reaccioné:

-¡Hago lo que me da la gana! ¡Iros de aquí! ¡Iros de mi vida! ¡Buscaros otra a la que destrozársela!- entonces, cerré la puerta decidida.

¡Hooola!
Este capítulo me gusta... no sé, es más emocionante de lo habitual. Y el personaje de Adrián me encanta, pero mucho mucho. Es tan tierno... pero bueno, eso ya lo veréis vosotras mismas ;)
Puse una canción en el reproductor de la derecha que me gusta un montón, y hoy me fijé y tiene mucho que ver con la historia, a ver qué os parece...
¡Hasta otra!