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domingo, 11 de abril de 2010

Capítulo 33. Vuelve conmigo

A las once y media abrí los ojos, de golpe, ya que no podía continuar durmiendo. Me levanté y caí sobre el frío suelo. Me estremecí. Mientras me ponía las zapatillas de andar por casa me desperecé, no tenía sueño, pero sí más ganas de dormir. Salí al pasillo y me asomé al cuarto de mi hermano, que descansaba sobre su cama y con la ropa de la noche anterior aún puesta. Ese cuarto apestaba. Cerré la puerta y me lavé la cara en el baño, para después prepararme el desayuno en la cocina. No tomé nada del otro mundo. Subí a mi cuarto para vestirme y arreglarme y cuando ya estaba completamente lista para salir a la calle, me senté en el borde de la cama. ¿Para qué quería estar lista si no iba a salir? De repente, me acordé de algo. El mensaje. Tenía un mensaje en el móvil sin leer. Fui hacia él, lo encendí, y, esperando que fuese de Adrián lo abrí, pero me equivoqué. Era de Carlota. ¿Nunca me dejaría en paz? Lo leí detenidamente:

"Ari, necesito aclarar contigo las cosas y pedirte perdón. Te veo en el parque del centro a la una. Por favor, ven."

Vale, ahora me quería pedir perdón. ¿O me quería hacer más daño aún? No sabía la respuesta, pero intuía que no iba a hacer nada malo y que no me iba a arrepentir de ir. Siempre me pasa lo mismo, ¡no consigo ser rencorosa! Bajé al salón, le escribí una nota a mi hermano diciéndole que me esperase para comer (si es que él se levantaba antes de que yo llegara), me puse las All Star y salí hacia el parque. Eran las doce y media, así que podría ir lentamente para pensar en las posibilidades de lo que me diría. Barajaba varias, pero poco posibles conociendo su personalidad.
Llegué al banco que más a la vista estaba y me senté. Aún faltaban cinco minutos para la una y Carlota no había llegado. Esperé. A las en punto apareció con una sonrisa de culpabilidad en la cara. Primer comportamiento extraño.
Se me acercó para darme dos besos, pero yo los evité y , en cambio, le extendí la mano. Ella no protestó y me dio la mano también.

-Carlota, ¿qué quieres?-le dije en tono seco.

-Tengo que explicarte todo. Me he comportado como una idiota, ¡soy idiota!- segundo comportamiento raro, ¿ella admitiendo lo que es? Abrí los ojos-. Tenía envidia de ti, ¿sabes? Y lo siento mucho. Lo siento, lo siento. He hecho muchas estupideces. Tú eras mi mejor amiga y lo he jodido todo porque solo pienso en mí misma. Te juró que si me perdonas cambiaré. Te lo juro.

Wau, esto si que era extraño para mí. Dejé la cuenta de las cosas extrañas que hacía, porque ya la había perdido en dos de sus frases.

-Carlota, creo que me tienes que explicar muchas cosas antes de poder perdonarte. Muchas- le di una diferente entonación a la palabra.

-¡Sí! Claro que sí- me senté de nuevo en el banco, y ella me imitó. Cogió aire, se la veía nerviosa-. Te vi con Aarón, y me puse increíblemente celosa, y me cegó la rabia y lo único que quería era que él fuese para mí. ¿Sabes? A mí me gustaba un poco, pero eso tú no tenías por qué saberlo. Y no pude esperar nada, y yo le dije cosas falsas sobre ti y él se las creyó. Le pedí que saliese conmigo y aceptó, aún estando contigo, y me presentó a su madre como su novia. Ahí me quedé un poco paralizada, porque tú has sido mi mejor amiga por tantos años... pero después te volví a ver sonriendo y pensé "ingenua", y te dije esas estupideces en la tienda, que no eran más que mentira. Tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida, te lo juro, y cuando vi que te había perdido fue cuando realmente reaccioné. ¡Me siento terriblemente mal!- y comenzó a llorar. Carlota llorando por mí. Estaba flipando, pero la creía. Ella nunca había sido buena actriz, y no iba a mejor en medio mes tanto como para fingir lágrimas de pena. No. La abracé intentando consolarla-. Entonces... ¿me perdonas? Sé que te costará retomar esa confianza conmigo, pero por favor... vuelvo conmigo.

-Claro que sí, Carlota. Debía haberlo hablado todo antes contigo.

Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento. Llevo tantísimo tiempo sin escribir... estaba que no se me ocurría nada interesante que poner, y además estuve liada con los exámenes finales de trimestre (joder, sí que ha pasado tiempo...) y la Semana Santa, que no la pasé en mi ciudad (fui a Portugal). He echado esto mucho de menos, en serio, y deseo con todas mis fuerzas que me comentéis perdonándome y, como siempre, opinando, para bien o para mal. Mary, un día de estos me pondré a afiliarte, en serio. Y otro día me leeré todo lo que llevo atrasado de tu novela. También me meteré en algunas otras que me habéis recomendado mediandte comentarios :) Esta semana estaré liada, la siguiente también, así que... no sé cuando volveré a escribir. Intentaré que sea pronto, desde luego.
En fin, un beso muy grande a mis lectoras :)
¡Gracias por leer esto!

martes, 9 de marzo de 2010

Capítulo 32. Vuelta a casa

En el mismo instante en que dejé las llaves sobre la mesita de la entrada, el móvil, que lo llevaba en la mano, vibró. Tardé en reaccionar, me asusté. Cuando al fin me di cuenta de que era un mensaje, lo cogí con las dos manos y lo abrí. Mantenía la esperanza de que fuese Adrián disculpándose por ser tan idiota y por no hacerme caso, cuando lo que le decía era por su bien. Pero no, no era suyo. Era de mi madre. Lo leí:

Ariadna, lo siento, nos tenemos que quedar por aquí, necesitan nuestra ayuda, ¡son demasiado patosos con los niños! Volveremos mañana, probablemente tarde. Siento haberte despertado. Mañana hablamos cariño.

Al parecer ella creía que no había salido. No tendría por qué enterarse de que lo había hecho, sería lo mejor, ya que si lo hacía probablemente me ganara un castigo por llegar tan tarde. Me quité los zapatos, que me comenzaban a hacer rozadura, y subí descalza las escaleras hasta mi cuarto. Me puse rápidamente el pijama ya que hacía un poco de fresco, y me conecté al messenger. Intuía que no habría nadie interesante a esas horas, pero me equivoqué. Estaban Carlota y Aarón. Aún no comprendía como era tan idiota como para no desadmitirlos. Recapacité, y llegué a la conclusión de que me lo podía perdonar, ya que no había tenido tiempo. Me dispuse a hacerlo, pero justamente cuando iba a desadmitir a Carlota, me habló. Un simple "hola". La ignoré, ahora me vendría con tonterías y me pediría perdón, aunque no le serviría de nada después de todo el daño que me había hecho. La puse en "sin admisión". Quise hacer lo mismo con el niñato que me había hecho sufrir, pero la tentación me pudo y directamente lo borré. Bah, no era nada para mí. Cerré el messenger y apagué el ordenador.

Me lavé los dientes antes de meterme en la cama, con el móvil al lado. Mantenía la esperanza de que alguien llamara, o de que Álvaro entrara por la puerta de abajo. Estuve esperando un rato más, peleando con las ganas de dormir. Nada. Finalmente, los párpados se me cerraron .

Cuando ya el sueño era profundo, escuché un ruido. Mi hermano. Miré el móvil, las siete de la mañana. Y un mensaje. No pensaba leerlo, esta era hora de dormir. No tenía pensado levantarme hasta las doce, así que, perezosamente, me puse en pie y cerré la persiana que comenzaba a dejar pasar los primeros rayos de sol del día, y apagué el teléfono. Tras cerrar la puerta, volví a la cama.

Siento que el capítulo sea taaaaaan malo, y corto... intentaré escribir algo mejor en esta semana ;) No puedo subir en los otros blogs, ¡lo siento! Quizás aún me dé tiempo de poner algo en el de www.diario-henar.blogspot.com , pero lo dudo... Bueno, de todas maneras, que gracias por leerme, sobre todo a Mary, que siempre SIEMPRE me comenta :) Te aprecio mucho, que lo sepas. Y otra cosa, aún no pude afiliarte, porque no tuve demasiado tiempo. Mañana lo intento :)
Un beso ;)

domingo, 7 de marzo de 2010

Os comento ;)

Sinceramente, no sé de dónde saco el tiempo para comentaros esto: he creado un nuevo blog de lo que más necesito en este momento, postear mis pensamientos. Para nada significa que esté dejando éste de lado, simplemente es un nuevo "proyecto" que lo usaré a modo de diario. Me gustaría que os pasarais, aunque aún está un poco churro por eso de que lo empecé ayer y NO TENGO TIEMPO PARA NADA. El martes acabo oficialmente los exámenes e intentaré postear en los TRES BLOGS. Quizás mañana pueda, ya que el examen del martes es de lectura (llevo un cuarto del libro completo).
En serio, me haría mucho ilusión que me dierais vuestro opinión sobre el nuevo blog y, como un favor personal, os pediría que me ayudaseis con este. Sí, que me deis algunas ideas del rumbo a tomar, de lo que deseáis que ocurra entre los protagonistas. Os lo agradeceré muchísimo, y pondré un link en este blog del vuestro para mostraros ese agradecimiento :)
Si tenéis la idea me la podéis mandar al correo de la novela (dimeyalaverdad@hotmail.com), o como mensaje directo al Twitter, que no lo uso para la novela, pero que no me importa que lo tengáis (www.twitter.com/henaritj).
La dirección de mi nuevo blog es www.diario-henar.blogspot.com (muy cutre, lo sé).
Y os recuerdo la del blog "verde": www.henar-echaleunamano.blogspot.com.
Muchas gracias por todo, Henar :)

viernes, 19 de febrero de 2010

Capítulo 31. Botellón

A las diez y media terminó la película. Salimos de la sala mientras la comentábamos. A mí me había gustado bastante, aunque era un pelín triste, y a Carmen también, pero al parecer los chicos se habían aburrido mucho y les había parecido empalagosa. Llegamos de nuevo a la parte donde se encontraban todas las tiendas y restaurantes y decimos tomar algo rápido en el Burger para salir después a hacer botellón. A mí tampoco me apasionaba la idea de ver cómo mis amigos y mi hermano bebían hasta caer borrachos, pero sería divertido estar con ellos de todas formas.

Cuando terminamos de tomarnos la hamburguesa fuimos a un supermercado cercano a comprar las bebidas. Algunos de los amigos de mi hermano eran mayores de edad, así que no habría problema para conseguirlas. Una vez que las teníamos todas fuimos a un parque cercano en el que solía haber muchos chicos los fines de semana y comenzaron a beber. Yo me agarré firmemente a una botella de fanta y no estaba dispuesta a soltarla para evitar tentaciones, aunque los amigos de mi hermano me animaban a probar el alcohol esa noche. Adrián ya se había servido algo en un vaso, pero no le di demasiada importancia, él era responsable y sabría cuando debía parar. Pusieron en unos altavoces portables música y eso comenzó a animarse. Estuvimos bailando y charlando hasta las tres de la mañana, aunque yo pasé la mayor parte del tiempo con la novia de mi hermano y sus amigas, que resultaron ser muy buenas chicas, y apenas bebieron. Al llegar esa hora traté de buscar a mi hermano para preguntarle si podíamos irnos a casa, pero no lo encontré por allí cerca y decidí ir a por Adrián para pedirle que me acompañara a casa. Cuando lo encontré noté que se había pasado un poco al beber, pero que no estaba del todo borracho. Aceptó en acompañarme y se lo agradecí con un breve beso en los labios, breve porque me dio arcadas su olor a alcohol y tabaco. Nos alejamos un poco tras despedirmos de los demás y, enfadada, me dirigí hacia él:

-¡No puedes hacer esto! ¿Tú? ¿Fumando? ¡No, señor! No tienes nada que demostrarle a todos los niñatos de allí, te conocen de sobra.

-¿Pero qué dices? ¡Tú no eres mi madre!- me gritó furioso- Hago lo que me da la gana.

Y no le volví a dirigir la palabra en todo el camino. Cuando llegamos a mi casa el trató de besarme pero yo le esquivé, no estaba de humor para esas cosas. Entré en mi casa y cerré la puerta sin tan siquiera darle las buenas noches. No podía tratarme así de mal.


¡Hola!

Al fin volví, tras un tiempo sin publicar nada. He estado muy ocupada con cosas del colegio y, si os digo la verdad, no me gustaba donde había dejado la novela, y tengo que pensar tranquilamente y sin agobios hacia dónde quiero dirigirla, y con todo lo que me pasa ahora mismo no puedo tomarme un momento de total relax... pero os subo esta entrada, que puede llegar a muchas cosas :)

He echado de menos esto de publicar, y sobre todo, que alguien me comentase dándome su opinión... en la encuesta vi que la mayoría estarías dispuestos a esperar, y eso lo valoro mucho, aunque una persona dijo que no le gustó mi novela...pero bueno, para gustos los colores.

Ahora me voy, hasta la próxima ;)

jueves, 4 de febrero de 2010

Aviso

¡Hola!
Escribo esta entrada para avisaros de que no puedo subir porque estoy muy liada con exámenes y no tengo tiempo para escribir. Me preguntaréis "¿de qué exámenes hablas si no es final de evaluación ni nada en España?", y yo os contestaré que... ¡no tengo ni puñetera idea!
Espero poder escribir algo este finde, aunque si no, tengo puente dentro de poco y me pondré las pilas.
Bueno, me voy creo que a cenar ya pronto, así que, sintiéndolo mucho, me despido hasta dentro de un montón :-(
¡Ah! Os recuerdo que el 9 de febrero sale el disco de Nick Jonas & The Administration en España, que no se os pase comprarlo, ¡porque yo no me olvidaré!
Un beso, y hasta pronto ;)

lunes, 25 de enero de 2010

Capítulo 30. Cine

Como habíamos acordado, a las ocho llegamos al centro comercial. No tuvimos que esperar, ya que mi hermano y su grupo fueron puntuales. En cuanto vieron a Adrián, una abalancha de saludos, preguntas y abrazos cayeron sobre él. Al parecer, mi hermano lo había guardado en secreto. Una de las chicas se apartó, y se acercó hacia Álvaro y hacia mí. Se puso de su parte, y pude contemplar cómo le daba un leve codazo a mi hermano. Entonces, él comenzó a hablar:

-Ariadna...- se le notaba nervioso a leguas-. Ella es Carmen.

-Emmm... hola, encantada, yo soy Ariadna- me presenté, no sé a qué venía tanta expectación por esa chica. A no ser que...

-¡Qué ganas tenía de conocerte! En serio, tu hermano me habló un montón sobre ti- la chica parecía simpática. Y era muy guapa. Estaba claro quién era-. Yo soy su novia.

Había acertado. Lo era... ¿y ahora qué le decía yo? Mientras razonaba qué era lo adecuado, apareció Adrián, como siempre, deslumbrándome con esa sonrisa tan mágica. Me agarró de la cintura por detrás y comenzó a besarme el cuello.

-¿Ves lo que te decía Carmen? Están todo el día igual- le dijo mi hermano a su novia. Ella sonrió y asintió-. Pero hay que acostumbrarse si se quiere estar con ellos. Llega un momento en que se ve todo negro si los miras.

Adrián paró de besarme y subió la mirada hacia ellos y comenzó a reír. Carmen agarró la mano de mi hermano y entre todos decidimos ir al cine. Otra película no nos vendría del todo mal. Esta vez sería alguna romántica.

Compramos las entradas y entramos en la sala. Aún era temprano, por lo que podíamos decidir sin prisas cómo nos sentaríamos. Mi hermano me convenció para ponerme al lado de Carmen, para ir conociéndonos, pero al otro lado tendría a Adrián. Álvaro se puso a su otro lado, y el resto de los amigos en la fila de abajo. Estuvimos esperando diez minutos, y comenzó la película. Me daba la sensación de que iba a llorar, por lo que me alegré de llevar mis pañuelitos en el bolso. De vez en cuando Carmen hacía algún comentario que me hacía reír, me caía realmente bien, aunque en el lado de Adrián escuchaba más risas aún, no debían estar entendiendo la esencia de la película. Cuando tan sólo habían pasado cuarenta minutos y ya había recurrido un par de veces a los pañuelitos, Adrián se giró y comenzó a besarme. Ese tío parecía imparable, pero muy a mi pesar tuve que frenarle porque no me parecía justo teniendo al lado a quienes teníamos. Lo comprendió.

Es muuuy corto, lo siento ;)

domingo, 24 de enero de 2010

Capítulo 29. El pasado, pasado está

Cuando mi hermano se disculpó y acabó la película, que parecía entretenerle demasiado, subió a darse una ducha, ya que había quedado a las seis y media. Nos invitó a ir con él y con sus amigos, alegando que tendrían ganas de ver a Adrián, pero tan sólo quedaban quince minutos para estar con ellos, y no me daba tiempo. Como insistió, quedamos en encontrarnos con ellos a las ocho en el centro comercial, ya que así tendría tiempo para prepararme y para esperar a que lo hiciera Adrián.

En cuanto mi hermano salió por la puerta, bastante guapo por cierto, me levanté del sofá para dirigirme a la ducha, pero Adrián me agarró delicadamente del brazo y se quedó mirándome. Yo le sonreí tímidamente, aún me intimidaban sus ojos, incluso sabiendo que eran míos. Levanté una ceja para mostrarle que no sabía qué era lo que pretendía, él inhaló aire con indecisión, y me soltó, desanimado. Decidí que sería mejor tratar este tema más tarde, cuando hubiese aclarado mis ideas con una ducha de agua fría, y tan solo le di un beso en la comisura de sus labios como señal de despedida. Subí las escaleras lentamente, mientras oía cómo Adrián suspiraba. Parecía que esperaría a que me acabara de arreglar para ir a su casa.

Entré en la ducha tras elegir la ropa que iba a vestir. Unos vaqueros pitillo con una camisa a cuadros, a la que le haría un nudo a la altura del ombligo, y debajo, una camiseta blanca. Mientras caía el agua estuve pensando qué es lo me querría decir Adrián, y sopesé algunas posibilidades, pero las descarté inmediatamente, ya que eran demasiado precipitadas. Al salir, me sequé con la toalla y me puse la ropa. Me dejé el pelo suelto, sin secarlo, y bajé a por Adrián, que me seguía esperando. Ya se le había quitado la cara de pena, y volvía a sonreír. Cuando me vio suspiró, y mientras se acercaba a besarme, me habló:

-Ariadna, no debería dejarte salir de casa, porque todos los tíos con los que nos crucemos te van a piropear... pero bueno, estoy aquí para protegerte.

Solté una tímida sonrisa, y le tomé la mano mientras salíamos de casa. Fuimos hacia la suya, y esta vez subimos por las escaleras, para no repetir experiencias agobiantes. Llegamos a la puerta y movió la mano para llamar al timbre, pero yo le frené.

-Hey, ¿no crees que debería esperar en las escaleras? O puedo llamar a casa de Alex, sus padres me dejarán pasar aunque ella no esté...

-Ariadna, sólo está mi hermano, y él no se chivará a nadie de que has venido. Además, él ya lo superó- entonces, llamó al timbre. Yo estuve intentando hacer memoria para averiguar quién era su hermano, y qué era lo que tenía que haber olvidado relacionado conmigo, pero no caí. Entre mis pensamientos, se abrió la puerta, y ahí estaba él. Ya le recordaba. Se me quitó la sonrisa del rostro, y me quedé pasmada-. Ariadna, pasa.

Crucé la puerta sin apartar la vista de su hermano, Hugo, que tenía mi misma edad, y se paró frente a mí.

-Hola- dijo secamente-. Hacía tiempo que no te veía.

-Cierto- le di la razón. La última vez había sido hace un año. Gracias a él había conocido a Adrián, aunque le hice mucho daño cuando él creyó que yo quería algo con él, pero yo salía con su hermano. Se le partió el corazón en un montón de trozos. Me dio muchísima pena.

-Bueno, chicos, yo me voy a preparar. En quince minutos nos vamos, Ari- y se fue. Adrián me había dejado a solas con Hugo. Había que destacar que estaba muchísimo más guapo que antes, no tenía nada que envidiarle a su hermano. Ya no era el niño al que yo conocí. Mientras decidía cómo debía actuar, él me invitó a sentarme junto a él en el sofá para ver la tele, y acepté.

-¿Qué tal te va todo, Hugo?- le pregunté tras unos segundos incómodos-. Has crecido un montón, y estás mucho más guapo.

-Gracias Ariadna- dijo mientras me sonreía, parecía que no me guardaba rencor alguno-. Y me va bien, pensé que esto de la mudanza lo llevaría peor, pero...

-Le has echado el ojo a alguna chica, ¿verdad?- lo presentía. Él asintió.

-Me has pillado... la verdad es que sí. Creo que vive por aquí cerca, ya que la he visto un par de veces. Yo creo que ha sido amor a primera vista, en serio. Sí, porque sentí lo mismo que sentí cuando te...- y se quedó callado. Sabía lo que iba a decir, y me incomodó la situación, a él pareció que también-. Lo siento, fui un estúpido con lo que pasó. Espero que algún día comprendas que fui un inmaduro. He visto como mi hermano te mira, te quiere un montón. No quiero fastidiar nada entre vosotros por algo del pasado, otra vez no.

-Hugo, no te preocupes. El pasado, pasado está- le tranquilicé mientras le daba unas palmaditas en la espalda-. Ahora sólo nos queda encontrar a la chica, seguro que le gustas.

-¿Tú crees?

-Claro que sí. Para empezar, el físico lo tienes. Y después eres un gran chico, cualquiera mataría por ti.

-Gracias, Ari- me abrazó. Había ganado un amigo-. Oí gritar a sus amigas un nombre. Creo que se llama Lara.

-De acuerdo, ya sé quién es. Un día quedamos y te presento a tu Lara. Es una niña muy simpática, tienes buen gusto- le guiñé un ojo. Él pilló la ironía y rio conmigo.

Estuvimos un rato más hablando, hasta que apareció Adrián por la puerta. Estaba guapísimo. Vaqueros oscuros y camiseta blanca. Ahora era a él a quien silbarían por la calle. Le di la mano y salimos por la puerta. Me sonreía sin cesar.

Me gustó mucho escribir este capítulo; espero que a vosotras os guste leerlo.